
La dana en Valencia, la erupción del Tajogaite en La Palma o el hundimiento del barrio del Carmel en Barcelona han sido desastres que con una mayor prevención geológica habrían reducido su impacto en destrucción y gasto público. Actualmente, son numerosas las decisiones que deben tomar empresas, entidades y gobiernos en asuntos geológicos como la sequía, el cambio climático y los riesgos geológicos. Sin embargo, los profesionales y la sociedad están cada vez menos formados en geología y ciencias en general. En nuestros centros de secundaria y bachillerato puede constatarse que estos conocimientos son casi inexistentes en sus currículos.
Por ejemplo, en Cataluña, durante los cuatro años de ESO únicamente se enseña geología obligatoriamente durante un solo trimestre, por lo que la mayoría de los alumnos, cuando terminan esta etapa educativa, no saben prácticamente nada sobre la materia.
Otro ejemplo se ve en las PAU, en las que la geología y las ciencias ambientales reciben unas ponderaciones ínfimas. Y, recientemente, ocurre lo mismo con el decreto que unifica la geología con la biología en primero de bachillerato de Cataluña.
Los decanos de las facultades donde se imparten enseñanzas de geología u otras relacionadas, junto con diferentes entidades y asociaciones como la AEPECT, el ICGC, la SGE, la SIGMADOT o Geologia en Lluita, han denunciado este hecho flagrante sin que el Ministerio de Educación haya respondido con ninguna solución al respecto. Es muy preocupante que la política educativa casi haya borrado la geología y las demás ciencias en los currículos de ESO y los bachilleratos. Nuestra política argumenta que es prioritario promover itinerarios educativos con más optativas en detrimento de menos especialidades troncales, lo que sería repetir el error de los noventa con el exceso de optativas que anuló los conocimientos generales entre nuestros alumnos en matemáticas, lenguas, ciencias y humanidades. Cabe preguntarse si eliminar la geología de nuestros currículos educativos sale a cuenta, ya que la cultura geológica salva vidas, protege propiedades y ahorra impuestos. En caso de no promover la cultura geológica, al final, les daremos la razón a los terraplanistas, confundiremos un dinosaurio con una excavación medieval y diremos que el agua subterránea se prospecta con un péndulo, algo que, por cierto, ya ocurre.

